Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María! Que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección reclamando vuestra asistencia e implorando vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Virgen! Madre de las vírgenes y, aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a aparecer ante vuestra presencia soberana. No despreciéis mis súplicas, ¡oh Madre de Dios!, antes bien escuchadas y acogedlas, benignamente. Amén.
(San Bernardo de Claraval)
!Nos cambiamos de ashram finalmente! / Nueva página
Hace 15 años
No hay comentarios:
Publicar un comentario