Esta antigua salutación a la Virgen María nos ayuda a recurrir a ella como Madre, pidiéndole que nos muestre a Jesús, ¨fruto bendito de tu vientre¨.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia; vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti clamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Eva, pues, Señora nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y, después de este destierro, muéstrame a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, santa Madre de Dios, para que seamos Señor Jesucristo. Amén.
!Nos cambiamos de ashram finalmente! / Nueva página
Hace 15 años
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