sábado, 8 de agosto de 2009

Padre: que seamos felices

Padre providente, que unes en un mismo sentir los corazones de los que te aman, impulsa a tu pueblo a amar lo que pides y a desear lo que prometes, para que, en medio de la inestabilidad de las cosas humanas, nuestros corazones estén firmemente anclados en el deseo de la verdadera felicidad. Amén.

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